viernes, 3 de julio de 2020

1° año - UNIDAD 3: El relato fantástico y maravilloso

¡Buen día 1° año! Empezamos un nuevo mes y empezamos una nueva unidad: El relato fantástico y maravilloso; un tema que, estoy seguro, les va a encantar. Los relatos que vamos a leer son atrapantes y no van parar hasta terminarlos. Como hemos hecho con el tema de los mitos, vamos a acompañar los relatos con la teoría necesaria para poder entenderlos y clasificarlos correctamente.
Para empezar, vamos a leer una selección de cuentos que hice personalmente. Luego vamos a seguir con Charly y la fábrica de chocolate de Dahl y luego veremos. Ambos serán mandandos por mail a cada uno de ustedes.
*****************************************************************************
Ahora empiecen una nueva hoja, en la sección "Literatura" y copien lo siguiente en la carpeta:   
                                                                                                                                   3/julio
                              UNIDAD 3: El relato fantástico y maravilloso


El género fantástico
El cuento fantástico es aquel que sorprende con situaciones fuera de toda lógica en donde se rompen las leyes que rigen el mundo que solemos llamar real. Los llamamos fantásticos, porque en un marco verosímil y cotidiano, de repente irrumpe lo inexplicable, lo sobrenatural. Por eso, lo fantástico, juega con la duda del lector y con los límites entre lo posible y lo imposible. La incertidumbre es el elemento principal de lo fantástico.   
Para el escritor argentino Jaime Rest (1927-1927), la literatura fantástica tiene su origen en el siglo XVIII, en el marco del Romanticismo, y aparece ligada a la cosmovisión medieval, que permite el desarrollo del relato maravilloso. En este tipo de relatos se naturalizaban acontecimientos que estaban fuera la lógica de la realidad tal como la conocemos.

El concepto de lo fantástico
 A continuación vamos a abordar tres abordajes del concepto “literatura fantástica”: el de Tzvetan Todorov en Introducción a la literatura fantástica; el texto “Ensayo de una tipología de la literatura fantástica”, de Ana María Barrenechea, y la conferencia de Julio Cortázar “El sentimiento de lo fantástico”.

ü  Tzvetan Todorov fue el primero en plantear el problema de una forma sistemática en su obra de 1970. En él sostiene que lo fantástico está dado por el efecto de vacilación e incertidumbre que un hecho extraño puede provocar tanto en los personajes del relato como en el lector. Más que un género autónomo, el género fantástico parece situarse en el límite de dos géneros: lo maravilloso y lo extraño.
ü  Ana María Barrenechea plantea que no es la duda experimentada por el lector y por los personajes lo que hace que un relato pertenezca al género, sino que lo fantástico está dado por la convivencia entre lo normal y lo anormal. Lo sitúa entre lo posible y  lo maravilloso.
ü  Julio Cortázar no da una definición definitiva de qué es lo fantástico, pero asegura que se trata de un sentimiento “un poco visceral”, de un extrañamiento que sucede en el marco de la realidad tal como la conocemos. Considera que lo fantástico no tiene límites definidos. 

Clasificación de los cuentos fantásticos
>Fantásticos puros: No se ofrecen al lector indicios que le permiten optar por una explicación racional o una sobrenatural porque el relato mantiene la ambigüedad hasta el final.
>Fantásticos impuros: Al llegar al desenlace, se presentan al lector indicios que orientan la lectura hacia una interpretación de tipo racional o bien, sobrenatural.  


***********************
El lunes 6 de julio a las 8.30 tenemos clase por Instagram. Por favor lean, para la clase, el cuento "La soga" de Silvina Ocampo. Lo analizaremos en clase. 

La Soga (Silvina Ocampo)

A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Esos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamano, finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga.”La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados. Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire, como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor.Si alguien le pedía:—Toñito, préstame la soga.El muchacho invariablemente contestaba:—No.A la soga ya le había salido una lengüita, en el sito de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón. Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes... Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.La bautizó con el nombre Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos Prímula.” Y Prímula obedecía. Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos.La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

27 comentarios:

  1. Matilda Morel presente

    ResponderEliminar
  2. carola bagnato 1A (no tenía conexión antes)

    ResponderEliminar